Cómo limpiar la placa y el horno sin estropearlos

La placa y el horno son lo que más se ensucia de la cocina y lo que peor se limpia, porque la grasa que se quema no se va con detergente: se carboniza y se convierte en una capa dura adherida a la superficie.
El método cambia mucho según lo que tengas, y usar el producto equivocado puede arruinar una vitrocerámica para siempre. Así que vamos por partes.
Vitrocerámica e inducción
Las dos son una lámina de vidrio cerámico y se limpian igual. La diferencia está en el calor: la inducción calienta el recipiente y no el cristal, así que se ensucia menos y lo derramado no se carboniza tanto.
Limpieza diaria
Cuando la placa esté templada, no caliente ni fría del todo, pasa un paño húmedo. En templado la suciedad aún no se ha adherido y sale sola.
Lo pegado
- Cubre la zona con un paño empapado en agua caliente con unas gotas de lavavajillas.
- Deja quince minutos.
- Retira lo que salga con el paño.
- Para lo que resista, rasqueta de cuchilla específica para vitrocerámica, en ángulo muy bajo, casi tumbada sobre el cristal, empujando. Es la herramienta clave y cuesta muy poco.
- Termina con crema limpiadora específica para vitrocerámica, repartida con papel de cocina, y pule con un paño seco.
Esa crema deja además una película protectora que hace que la próxima vez cueste menos.
Azúcar y plástico: la urgencia
Si se derrama algo con azúcar —mermelada, leche condensada, un caramelo— o se funde un plástico sobre la placa caliente, hay que quitarlo en caliente e inmediatamente, con la rasqueta y un guante de horno.
Si se deja enfriar, el azúcar fundido se adhiere al vidrio y al despegarlo después arranca una lasca, dejando una marca permanente. Es el daño más frecuente en vitrocerámicas.
Lo que nunca debes usar
- Estropajo verde, de acero o polvos abrasivos: rayan el vidrio, y en las rayas la suciedad se agarra el doble.
- Lejía o amoniaco.
- Productos para horno, que son muy alcalinos y manchan el vitrocerámico.
- Limpiar en caliente con un paño mojado: el choque térmico puede agrietar el cristal.
- Arrastrar cazuelas con la base rugosa, que raya.
Placa de gas
Tiene más piezas, pero todas desmontables, lo que en realidad lo hace más fácil.
- Parrillas y quemadores: en remojo en agua muy caliente con lavavajillas o un desengrasante, media hora como mínimo. Después, cepillo. Las parrillas de hierro fundido esmaltado, nunca al lavavajillas: el detergente agresivo daña el esmalte y las deja mates.
- Los difusores —las coronas con agujeritos— hay que desatascarlos uno a uno con un alfiler o un cepillo fino. Si la llama es amarilla, irregular o hace ruido, es que están obstruidos.
- El chispeador —la bujía de encendido— se limpia en seco con un bastoncillo. Si está sucio o mojado, no enciende.
- La base: desengrasante y paño, con cuidado de no mojar los inyectores.
Monta todo completamente seco y en su sitio exacto; un quemador mal colocado da mala combustión.
El horno
Lo primero: qué tipo tienes
- Pirolítico: tiene un programa que sube a unos 500 °C y convierte todo en ceniza. Después solo hay que pasar un paño. No uses productos químicos dentro de uno pirolítico.
- Catalítico: lleva paneles porosos en las paredes que absorben la grasa y la descomponen al cocinar por encima de 200 °C. Esos paneles no se frotan nunca: se taponan y dejan de funcionar. Solo se limpia la puerta y la base.
- Esmaltado convencional: limpieza manual.
Si no sabes cuál es el tuyo, mira el manual o busca el modelo: usar un desengrasante dentro de un catalítico lo inutiliza.
Limpieza manual con bicarbonato
Es tan eficaz como los productos de horno y mucho menos agresivo:
- Saca bandejas y rejillas.
- Mezcla bicarbonato con un poco de agua hasta una pasta espesa.
- Extiéndela por paredes, techo y base, evitando la resistencia y el ventilador.
- Déjala toda la noche.
- Por la mañana, retira con una espátula de plástico y un paño húmedo.
- Pulveriza un poco de vinagre sobre los restos de bicarbonato: la efervescencia ayuda a soltar lo último.
- Aclara bien con paño húmedo, varias veces.
El truco del vapor
Para suciedad ligera: mete una fuente con agua y zumo de limón, pon el horno a 150 °C durante veinte minutos y deja enfriar un poco con la puerta cerrada. El vapor reblandece la grasa y después sale con un paño.
El cristal de la puerta
Donde más se nota. Pasta de bicarbonato, media hora y rasqueta de vitrocerámica en ángulo bajo: quita la grasa carbonizada sin rayar.
Casi todos los hornos permiten desmontar la puerta y separar los cristales para limpiar por dentro, que es donde se acumula la grasa que no se puede alcanzar. Busca el modelo en internet antes, porque el sistema de desmontaje varía y conviene saber cómo vuelve a montarse.
Bandejas y rejillas
Remojo largo en agua muy caliente con bicarbonato y lavavajillas. Para lo muy incrustado, un truco: ponlas en la bañera o en el fregadero sobre una toalla vieja, cúbrelas de agua caliente con detergente en polvo y déjalas toda la noche.
La campana extractora
Se olvida siempre y es la que más grasa acumula, además de ser un riesgo de incendio real.
- Filtros metálicos: al lavavajillas, programa intensivo, o en remojo con agua hirviendo y bicarbonato. Cada uno o dos meses.
- Filtros de carbón (en campanas sin salida al exterior): no se lavan, se sustituyen cada seis meses aproximadamente.
- El exterior: desengrasante y paño de microfibra.
Un filtro saturado hace que la campana no aspire, que la grasa se deposite en los muebles y que el motor trabaje forzado.
Lo que de verdad ahorra trabajo
- Limpia la placa después de cada uso, en templado. Treinta segundos frente a media hora después.
- Usa la campana siempre, y enciéndela antes de empezar a cocinar.
- Tapa las cazuelas.
- Papel de hornear o una bandeja debajo cuando algo pueda rebosar en el horno. Nunca papel de aluminio en la base: refleja el calor y puede dañar el esmalte.
- Limpia los derrames del horno cuando esté templado, antes de que se carbonicen en el siguiente uso.
En resumen
En vitrocerámica, agua caliente con lavavajillas, espera y rasqueta en ángulo bajo; nunca abrasivos, y el azúcar derramado se quita en caliente o deja marca para siempre. En el horno, comprueba si es pirolítico o catalítico antes de echar nada: en el catalítico, frotar las paredes lo estropea. Y acuérdate de los filtros de la campana, que es lo que nadie limpia y lo que más grasa guarda.
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