Mantenimiento de la caldera: qué puedes hacer tú y qué no debes tocar

Una caldera bien mantenida consume menos, calienta mejor y avisa de sus problemas antes de romperse. Una descuidada hace justo lo contrario: gasta de más durante meses y luego se avería en el peor momento, que siempre es la primera semana de frío, cuando ningún técnico tiene hueco.
La buena noticia es que buena parte del mantenimiento lo puedes hacer tú. La otra parte, la que toca el circuito de gas o la combustión, es trabajo de instalador autorizado por ley, y esta guía es igual de clara en señalar dónde está esa frontera.
Lo que puedes hacer tú
Purgar los radiadores
Es la tarea más rentable de todas y la más sencilla. Con el tiempo se acumula aire dentro del circuito, y ese aire ocupa el sitio del agua caliente. El síntoma es inconfundible: el radiador está caliente abajo y frío arriba.
Apaga la calefacción y espera a que los radiadores se enfríen. Coge la llave de purga —una pieza cuadrada pequeña que venden en cualquier ferretería— y un recipiente. Abre despacio el purgador, que está en el lateral superior del radiador: saldrá un silbido de aire. Cuando empiece a salir agua sin burbujas, cierra.
Hazlo empezando por el radiador más cercano a la caldera y terminando por el más lejano. Al acabar, comprueba la presión: habrá bajado.
Vigilar la presión
El manómetro de la caldera debe marcar entre 1 y 1,5 bar en frío. Si baja de 1, la caldera acabará bloqueándose; si sube de 2,5, la válvula de seguridad descargará agua.
Rellenar es fácil: se abre la llave de llenado —una válvula bajo la caldera— hasta que la aguja llegue a 1,2 y se cierra. Ojo con cerrarla bien: una llave de llenado que gotea va subiendo la presión sin que te enteres.
Y una advertencia importante: si tienes que rellenar cada pocas semanas, no es normal. Hay una fuga en algún punto del circuito y conviene localizarla antes de que aparezca en el techo del vecino.
Mantener limpias las rejillas y el entorno
La caldera necesita aire. Comprueba que las rejillas de ventilación del cuarto no estén tapadas por cajas, muebles o ropa tendida, y límpialas de polvo una vez al año.
No guardes productos de limpieza, aerosoles ni disolventes junto a la caldera. Los vapores de algunos productos clorados corroen el intercambiador desde dentro.
Limpiar los radiadores por dentro y por fuera
El polvo acumulado entre las láminas actúa como aislante y reduce el rendimiento. Aspíralo antes de empezar la temporada con el accesorio estrecho, o pasa un cepillo largo entre las aletas.
Revisar el termostato
Un termostato mal situado hace trabajar de más a la caldera. No debe estar sobre un radiador, ni al sol directo, ni en el pasillo más frío de la casa, ni detrás de una cortina. Lo suyo es una pared interior del salón, a metro y medio del suelo.
Si es de pilas, cámbialas al empezar el invierno: un termostato con las pilas bajas pierde la conexión y la caldera se queda encendida o apagada sin criterio.
Qué puede estar pasando si algo falla
La caldera no enciende
Comprueba, por este orden: que haya presión suficiente, que el termostato pida calor y tenga pilas, que no haya saltado el diferencial, y que la llave de gas esté abierta. Muchas calderas tienen además un botón de rearme; púlsalo una vez. Si salta de nuevo enseguida, no insistas: algo está fallando de verdad.
Calienta el agua pero no los radiadores
Suele ser la válvula de tres vías, que es la pieza que decide si el agua caliente va al grifo o al circuito de calefacción. También puede ser la bomba circuladora, agarrotada tras el verano sin uso. Ambas cosas son de técnico.
Hace ruidos
Un borboteo o un gluglú casi siempre es aire: purga. Un silbido agudo suele indicar cal en el intercambiador, típico en zonas de agua dura. Un golpeteo fuerte al arrancar merece revisión, porque puede ser sobrecalentamiento.
El agua caliente sale a golpes de temperatura
Caudal insuficiente o intercambiador con cal. Empieza por lo barato: limpia los aireadores de los grifos y la alcachofa de la ducha.
Dónde está el límite: lo que NO debes tocar
Esto no es prudencia excesiva, es normativa. En España, cualquier intervención sobre una instalación de gas debe hacerla una empresa instaladora habilitada.
- Nada que implique abrir la caldera ni manipular quemador, intercambiador o sonda.
- Nada relacionado con el gas: llaves, conexiones, detección de fugas.
- Nada en la salida de humos. Un conducto mal montado mete monóxido de carbono en la vivienda, que no huele, no se ve y mata.
Si hueles a gas: no acciones ningún interruptor —ni para encender ni para apagar—, no uses el móvil dentro de casa, cierra la llave general, abre ventanas y sal. Llama desde la calle al servicio de urgencias de tu distribuidora.
La revisión obligatoria
Las calderas de gas individuales tienen una revisión obligatoria cada dos años por empresa habilitada, y en muchas comunidades autónomas la periodicidad puede ser distinta, así que conviene confirmarlo con la tuya.
En esa revisión se mide la combustión, se comprueba la estanqueidad, se revisa la salida de humos y se emite un certificado. Guárdalo: te lo pedirán si vendes la vivienda y también el seguro si alguna vez hay un siniestro.
Muchos contratos de mantenimiento incluyen esa revisión más una o dos visitas al año. Merecen la pena sobre todo por la prioridad de asistencia en invierno.
Calendario de mantenimiento
- Antes del invierno: purgar radiadores, comprobar presión, aspirar el polvo de los radiadores, probar que enciende y cambiar las pilas del termostato.
- Cada mes en temporada: mirar el manómetro. Son cinco segundos.
- En primavera: dejar la caldera en modo verano y, si no vas a usarla, encenderla unos minutos al mes para que la bomba no se agarrote.
- Cada dos años: revisión oficial por empresa habilitada.
Cómo gastar menos sin pasar frío
Bajar el termostato un solo grado reduce el consumo de forma apreciable, y entre 19 y 21 °C la mayoría de la gente está cómoda en casa.
Programa por franjas en lugar de encender y apagar a mano: mantener una temperatura estable gasta menos que recalentar una casa fría dos veces al día. Cierra los radiadores de las habitaciones que no uses, pero no todos: la caldera necesita un circuito abierto por donde circular.
Y no tapes los radiadores con cortinas largas, sofás ni ropa puesta a secar encima: todo lo que los cubre devuelve a la habitación bastante menos calor del que estás pagando.
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