Compostaje casero: cómo hacer compost en casa sin que huela

¿Qué es el abono? Cómo empezar a hacer compost en casa
Índice
  1. Qué es compostar
  2. Las dos familias: verde y marrón
  3. Qué sí y qué no
    1. Sí
    2. No
  4. Dónde compostar, según donde vivas
    1. Con jardín o huerto
    2. En un piso con balcón
    3. Sin espacio ninguno
  5. Cómo llevarlo, paso a paso
  6. Cuánto tarda
  7. Cómo saber que está listo
  8. Problemas y su causa real
  9. Cómo usarlo
  10. En resumen

Más de un tercio de lo que tiramos a la basura en casa es materia orgánica, y es precisamente la que convierte un vertedero en un problema: al descomponerse sin oxígeno genera metano. Compostarla en casa la devuelve al suelo como abono, reduce mucho la bolsa de basura y, bien llevado, no huele.

Eso último es lo que todo el mundo pregunta, y la respuesta es que un compost que huele mal es un compost desequilibrado. Con entender dos conceptos, no pasa.

Qué es compostar

Es dirigir una descomposición que iba a ocurrir de todas formas, para que la hagan los microorganismos con oxígeno. Esa es toda la diferencia: la descomposición con aire produce calor, dióxido de carbono y un material oscuro que huele a tierra de bosque. La descomposición sin aire —lo que pasa dentro de una bolsa cerrada— produce metano, amoniaco y ese olor a podrido inconfundible.

Todo el oficio del compostaje consiste en mantener aire, humedad y equilibrio de materiales.

Las dos familias: verde y marrón

Este es el concepto central, y el que resuelve el 90 % de los problemas.

  • Material verde, rico en nitrógeno: restos de fruta y verdura, posos de café, bolsitas de té, césped recién cortado, restos de poda verde, cáscaras de huevo.
  • Material marrón, rico en carbono: hojas secas, ramas trituradas, cartón y papel sin tinta brillante, serrín de madera no tratada, paja, rollos de papel higiénico, hueveras de cartón.

La proporción es lo que importa: aproximadamente dos o tres partes de marrón por cada una de verde, en volumen. Y como el material verde es el que generas a diario en la cocina y el marrón no, el error universal es que haya demasiado verde.

De ahí sale un consejo muy práctico: guarda una bolsa o un cubo con material marrón al lado del compostador —hojas secas en otoño, cartón troceado— y echa un puñado cada vez que añadas restos de cocina. Con eso solo, el compost no huele.

Qué sí y qué no

Sí

  • Restos de fruta y verdura, crudos y cocinados sin aliño graso.
  • Posos de café, incluido el filtro de papel, y bolsitas de té sin la grapa.
  • Cáscaras de huevo, mejor trituradas.
  • Pan duro en poca cantidad.
  • Hojas secas, restos de poda, césped.
  • Cartón y papel de periódico troceado.
  • Serrín y virutas de madera sin tratar.
  • Cenizas de leña, en muy poca cantidad: son alcalinas.
  • Pelo y pelo de mascota, plumas.
  • Flores marchitas y tierra de macetas vieja.

No

  • Carne, pescado, huesos y espinas: atraen roedores y moscas, y generan olores muy fuertes.
  • Lácteos, queso, salsas, aceite y fritos.
  • Heces de perro o gato, por los patógenos.
  • Plantas enfermas o con plaga.
  • Malas hierbas con semilla, que sobrevivirán y acabarán en tus macetas.
  • Restos de poda tratados con fitosanitarios.
  • Madera tratada, pintada, barnizada o aglomerado.
  • Papel brillante, tickets de caja, papel plastificado.
  • Nada de plástico, aunque diga «biodegradable»: las bolsas compostables industriales no se degradan en un compostador doméstico.
  • Ceniza de carbón o de briquetas, y colillas.
  • Cítricos y cebolla en gran cantidad: son muy ácidos y frenan el proceso. En pequeñas cantidades no pasa nada.

Dónde compostar, según donde vivas

Con jardín o huerto

Un compostador de plástico o de madera, de unos 300 a 400 litros, apoyado directamente sobre la tierra para que entren las lombrices y los microorganismos del suelo. Mejor en semisombra: a pleno sol se seca y a plena sombra se enfría.

La alternativa más barata es un montón abierto en un rincón, o cuatro palés formando un cajón.

En un piso con balcón

Aquí la opción práctica es la vermicompostera: un sistema de bandejas apiladas con lombrices rojas californianas. Cabe bajo el fregadero o en el balcón, trabaja con cantidades pequeñas, no huele y produce además un lixiviado líquido que es un fertilizante excelente diluido en agua.

Sin espacio ninguno

Dos salidas: el bokashi, un cubo hermético con salvado inoculado que fermenta los restos —incluidos carne y lácteos— y luego hay que enterrarlos para que terminen de descomponerse; o llevar los restos a un compostador comunitario o al contenedor marrón de orgánica de tu municipio, que ya existe en buena parte de España.

Cómo llevarlo, paso a paso

  1. Empieza con una base de material marrón grueso: unos centímetros de ramitas u hojas secas en el fondo, para que entre aire por abajo y drene.
  2. Añade por capas, alternando verde y marrón, y respetando la proporción.
  3. Trocea todo. Cuanto más pequeño, más rápido. Una sandía entera tarda meses; troceada, semanas.
  4. Tapa los restos de cocina con una capa de marrón. Esto es lo que evita las moscas de la fruta.
  5. Vigila la humedad. La referencia es la de una esponja escurrida: coge un puñado y apriétalo; debe humedecerte la mano sin gotear. Si gotea, sobra agua y falta marrón. Si se deshace seco, riega un poco.
  6. Airea cada una o dos semanas removiendo con una horca o un aireador de compost en espiral. Esto es lo segundo más importante después del equilibrio: sin aire, se vuelve anaerobio y huele.
  7. Protege de la lluvia con una tapa, o se encharca.

Cuánto tarda

  • Compostaje frío, el normal en casa, añadiendo poco a poco: entre seis meses y un año.
  • Compostaje caliente, con una carga grande de golpe, bien equilibrada, troceada y volteada cada pocos días: dos o tres meses. Un montón así alcanza 50 o 60 °C en el centro, lo que además mata semillas y patógenos.
  • Vermicompostaje: de dos a cuatro meses.
  • En invierno el proceso se ralentiza mucho y parece parado. No pasa nada: se reactiva en primavera.

Cómo saber que está listo

Tres señales, y las tres deben cumplirse:

  • Color marrón oscuro, casi negro, y textura desmenuzable.
  • Huele a tierra de bosque, agradable. Si huele a algo más, no está.
  • No se reconoce nada de lo que echaste, salvo algún trozo grande de madera.

Si no estás seguro, hay una prueba: siembra unas semillas de rápida germinación en una maceta con ese compost. Si germinan bien, está maduro. Si no, al compost inmaduro le faltan semanas y, usado así, puede quemar las raíces de las plantas.

Problemas y su causa real

  • Huele a podrido o a amoniaco: demasiado verde, o encharcado y sin aire. Añade marrón en cantidad y remueve bien. Esto arregla casi cualquier olor.
  • No pasa nada, no se calienta: demasiado marrón, está seco, o el volumen es muy pequeño. Añade verde y riega.
  • Moscas de la fruta: restos de cocina al descubierto. Tápalos siempre con marrón.
  • Hormigas: está demasiado seco. Riega y remueve.
  • Roedores: has echado carne, pescado o lácteos. Retíralos y usa un compostador cerrado con base.
  • Mosca negra soldado, larvas grandes y claras: desagradables a la vista pero inofensivas y muy eficaces. No hay que hacer nada.
  • Moho blanco en la superficie: normal, son hongos descomponedores.
  • Babosas: normales en un montón al aire; se las puede retirar.

Cómo usarlo

  • En macetas: mezclado, en torno a un 20 o 30 % con el sustrato. Nunca compost puro: es demasiado rico y retiene mucha agua.
  • En el huerto: dos o tres centímetros extendidos sobre la tierra, incorporados superficialmente.
  • En el césped: una capa muy fina, pasada con rastrillo.
  • Como acolchado alrededor de arbustos y árboles, que además conserva la humedad.
  • Como «té de compost»: un puñado en un cubo de agua, 24 horas, y riegas con eso.
  • Cuándo: en primavera antes de plantar, y en otoño como aporte.

En resumen

El compost no huele si mantienes dos o tres partes de material marrón por cada una de verde, y el truco práctico es tener una bolsa de hojas secas o cartón troceado al lado para echar un puñado cada vez que añades restos de cocina. Trocéalo todo, mantén la humedad de una esponja escurrida y remueve cada una o dos semanas. Nada de carne, pescado, lácteos ni heces de mascota. Tarda de seis meses a un año, y está listo cuando huele a tierra de bosque y no reconoces nada. Si vives en un piso, lo tuyo es una vermicompostera o el contenedor marrón del municipio.

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