Calefactores y radiadores eléctricos: cuál elegir y cuánto gastan de verdad

Cómo funcionan los calentadores infrarrojos
Índice
  1. Qué tipo necesitas
    1. Calefactor cerámico o de resistencia con ventilador
    2. Radiador o emisor térmico (de aceite o seco)
    3. Convector
    4. Halógeno o infrarrojo
    5. Toallero eléctrico
    6. Butano y parafina
  2. Cuántos vatios necesitas
  3. Cuánto cuesta tenerlo encendido
  4. Lo que de verdad reduce la factura
  5. Seguridad: aquí no se improvisa
  6. Y si lo que quieres es calentar el baño
  7. En resumen

Cada octubre se repite la misma escena: medio país buscando un calefactor «de bajo consumo». Conviene empezar por ahí, porque es el malentendido que más dinero cuesta.

Todos los calefactores eléctricos consumen lo mismo para dar el mismo calor. Un aparato de 1.500 W gasta 1,5 kWh por cada hora a plena potencia, se llame convector, cerámico, halógeno, de aceite o emisor térmico. La electricidad se convierte en calor al cien por cien en todos ellos; no hay magia que lo mejore. Lo que cambia entre unos y otros es la rapidez, la forma de repartir el calor y para qué sirve cada uno, y de eso sí depende cuánto acabas gastando.

Qué tipo necesitas

Calefactor cerámico o de resistencia con ventilador

Calienta una resistencia y sopla el aire con un ventilador. Es el más rápido: notas el calor en segundos.

Ideal para calentar una habitación pequeña un rato: un despacho por la mañana, el baño antes de la ducha. Lo que no hace es mantener el calor —en cuanto lo apagas, se acabó— y hace ruido, así que para dormir no es.

Radiador o emisor térmico (de aceite o seco)

Calienta un fluido o un bloque de material y lo va cediendo poco a poco, por radiación y convección natural.

Tarda en arrancar, pero es el adecuado para mantener una habitación caliente muchas horas, y sigue dando calor un rato después de apagarse. Silencioso, no reseca el ambiente ni mueve polvo. Es la mejor opción para un dormitorio o un salón donde vas a estar toda la tarde. Los emisores térmicos con programador y termostato digital son lo que más sentido tiene hoy, porque el ahorro está en que no caliente cuando no hace falta.

Convector

Calienta el aire que pasa por una resistencia y lo deja subir. Intermedio en todo: más rápido que el radiador, menos que el cerámico, barato y ligero. Es lo que se pone en una habitación de uso ocasional.

Halógeno o infrarrojo

No calienta el aire: emite radiación que calienta directamente los cuerpos y los objetos que tiene delante, igual que el sol en un día frío.

Eso lo hace la opción correcta en sitios donde calentar el aire no tiene sentido: un taller, un garaje, un porche, una terraza, un local muy alto o una habitación con corrientes. Notas el calor al instante y solo donde apunta. Dentro de casa, en cambio, es incómodo: calienta la cara y deja la espalda fría.

Toallero eléctrico

Para el baño, y la mejor solución si solo quieres templarlo y secar las toallas.

Butano y parafina

Siguen siendo muy usados en España porque el combustible sale barato comparado con la electricidad. Pero una estufa de llama abierta consume oxígeno y produce vapor de agua y monóxido de carbono, así que exige ventilación permanente, nunca dormir con ella encendida, nunca en un baño ni en un dormitorio pequeño, y un detector de monóxido en la vivienda. La humedad que generan, además, acaba en condensación en los cristales.

Cuántos vatios necesitas

La regla práctica para una vivienda con un aislamiento normal es de 80 a 100 vatios por metro cuadrado. En una casa antigua, mal aislada o con techos altos, sube a 120 o 130.

  • Baño de 5 m²: de 500 a 1.000 W.
  • Dormitorio de 12 m²: en torno a 1.000-1.200 W.
  • Salón de 20 m²: de 1.500 a 2.000 W.

Y una advertencia importante: la potencia contratada manda. Con 3,45 kW contratados, dos calefactores de 2.000 W funcionando a la vez más el horno y la vitrocerámica te van a saltar el ICP. Si vas a calentar varias habitaciones con electricidad, revisa primero qué potencia tienes.

Cuánto cuesta tenerlo encendido

Es una cuenta sencilla y conviene hacerla antes de comprar, no después de ver la factura. Multiplica los kilovatios del aparato por las horas y por el precio del kWh de tu tarifa.

Un calefactor de 2.000 W encendido cuatro horas al día consume 8 kWh diarios. Haz tú el producto con tu precio: la cifra mensual suele sorprender, y es la razón por la que calentar una casa entera con calefactores eléctricos es la forma más cara de hacerlo que existe.

Por eso el consejo honesto no es «busca uno de bajo consumo», sino este: la electricidad resistiva solo sale a cuenta para calentar una estancia concreta un rato concreto. Si lo que quieres es calentar toda la vivienda muchas horas, el camino es otro: una bomba de calor o aerotermia, que por cada kWh que consume entrega tres o cuatro de calor; una estufa de pellets; o gas natural. Ahí sí hay diferencias reales de coste, no en el modelo de calefactor.

Lo que de verdad reduce la factura

  • Termostato y programador. Es lo único que convierte un calefactor en algo eficiente: calienta hasta la temperatura fijada y para. Un aparato sin termostato funciona siempre a tope.
  • Calienta solo donde estás, con la puerta cerrada. La llamada calefacción por zonas es precisamente donde el eléctrico gana.
  • 19-21 ºC es suficiente. Cada grado de más supone en torno a un 7 % más de consumo. Un jersey es más barato que un grado.
  • Tapa las fugas: burletes en puertas y ventanas, y bajar las persianas al anochecer. Es la inversión de diez euros que más rinde de toda la casa.
  • No tapes el aparato con cortinas ni muebles, y no lo pongas pegado a una pared exterior fría.
  • Ventila cinco o diez minutos de golpe y cierra, en lugar de dejar una ventana entreabierta toda la mañana.
  • Revisa la tarifa. Si tienes discriminación horaria, un emisor con programador que caliente en las horas valle y mantenga después cambia la cuenta por completo.

Seguridad: aquí no se improvisa

Los calefactores son, cada invierno, una causa habitual de incendio doméstico.

  • Enchúfalo directamente a la pared. Nada de alargadores finos, regletas ni ladrones: un aparato de 2.000 W por una regleta barata la calienta hasta fundirla. Si no te queda más remedio, que el cable sea de sección adecuada y esté completamente desenrollado.
  • Un metro libre por delante, y nada de secar ropa encima salvo que el aparato esté diseñado para ello.
  • Lejos de cortinas, sofás, papeles y camas.
  • Nunca en el suelo de un baño ni al alcance del agua. En el baño, solo aparatos con el grado de protección adecuado y colocados según las zonas de seguridad.
  • Con niños o animales, elige modelos con protección antivuelco, apagado por sobrecalentamiento y carcasa que no queme.
  • No lo dejes encendido al dormir ni al salir de casa, salvo los emisores fijos con termostato pensados para ello.
  • Si huele a quemado o el enchufe se calienta, desenchúfalo y no lo uses.
  • Con butano o parafina: ventilación siempre, revisión del tubo y la goma con su fecha, y detector de monóxido de carbono.

Y si lo que quieres es calentar el baño

Es la consulta más repetida. Tres opciones, por orden de sensatez:

  • Calefactor de pared específico para baño, con la protección adecuada, instalado en alto y fuera de las zonas de salpicadura. Calienta en un minuto y es lo más práctico.
  • Toallero eléctrico, si buscas temperatura suave constante y toallas secas.
  • Infrarrojo de techo, que calienta al instante a quien está debajo.

Lo que nunca: un calefactor portátil en el suelo del baño junto a la bañera.

En resumen

No existe el calefactor eléctrico de bajo consumo: todos convierten el kilovatio en el mismo calor. Elige por uso, no por esa etiqueta: cerámico para calentar rápido un rato, emisor o radiador de aceite para mantener horas, infrarrojo para exteriores y garajes, toallero para el baño. Calcula de 80 a 100 W por metro cuadrado y comprueba tu potencia contratada. Lo que de verdad baja la factura es el termostato, calentar solo la estancia que usas, 19-21 ºC y poner burletes. Y enchúfalo siempre directamente a la pared, nunca a una regleta.

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