Radón en casa: qué es, cómo medirlo y qué dice la normativa española

El radón es un gas radiactivo natural que no se ve, no huele y no sabe a nada. Sale del subsuelo, se cuela por las grietas y las juntas de la vivienda y, en casas bien aisladas, puede acumularse hasta concentraciones que suponen un riesgo real para la salud.
En España no es un tema marginal: es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco según la Organización Mundial de la Salud, y existe normativa específica desde 2019. Esta guía explica qué es, cómo saber si tu casa está afectada y qué se puede hacer.
De dónde sale
El radón procede de la desintegración del uranio presente de forma natural en el suelo y en las rocas. Es más abundante en terrenos graníticos, y por eso la exposición depende sobre todo de dónde esté construida la casa.
En el exterior se dispersa en el aire y no supone problema. La cuestión aparece cuando entra en un espacio cerrado y no encuentra salida: entonces se acumula. Por eso las concentraciones más altas se dan en sótanos, garajes y plantas bajas, y por eso el problema ha empeorado a medida que las viviendas se han hecho más herméticas para ahorrar energía.
Por dónde entra
- Grietas en la solera y en los muros de sótano
- Juntas entre la solera y los muros
- Pasos de tuberías y conducciones
- Sumideros y arquetas
- Forjados sanitarios mal ventilados
- El agua de pozo, en menor medida
La vivienda funciona además como una chimenea: el aire caliente sube y sale por arriba, lo que genera una ligera depresión en la parte baja que literalmente succiona el gas del terreno. Ese efecto se acentúa en invierno, justo cuando menos se ventila.
El riesgo para la salud
El radón en sí se inhala y se exhala sin más. El problema son sus productos de desintegración, partículas sólidas que quedan adheridas al polvo en suspensión, se depositan en el tejido pulmonar y emiten radiación desde dentro.
La exposición prolongada aumenta la probabilidad de cáncer de pulmón, y el riesgo es notablemente mayor en fumadores: el tabaco y el radón se potencian mutuamente.
Conviene entender bien la naturaleza del riesgo: no produce síntomas inmediatos, no causa dolores de cabeza ni malestar. Es una exposición acumulativa a lo largo de años. Eso significa que no hay urgencia de horas, pero tampoco motivo para posponerlo indefinidamente.
Qué dice la normativa española
El Código Técnico de la Edificación incorporó en 2019 el documento básico DB-HS6, «Protección frente a la exposición al radón». Establece un nivel de referencia de 300 becquerelios por metro cúbico (Bq/m³) de media anual en los espacios habitables.
El CTE clasifica los municipios españoles en zonas según su potencial de radón. En los de zona I y zona II, las obras nuevas y determinadas rehabilitaciones deben incorporar medidas de protección.
Las zonas con mayor potencial se concentran en Galicia, Extremadura, Castilla y León, Madrid y algunas comarcas de otras comunidades, precisamente por la abundancia de granito. Puedes consultar la clasificación de tu municipio en el mapa del Consejo de Seguridad Nuclear.
Ten en cuenta una cosa importante: la normativa obliga en obra nueva y rehabilitación, no obliga a medir en una vivienda existente. Eso queda a criterio de cada propietario.
Cómo saber si tu casa tiene radón
No hay forma de saberlo sin medir. Ni el olor, ni la antigüedad, ni el aspecto de la vivienda dan ninguna pista, y dos casas vecinas pueden dar resultados muy distintos.
Medición de larga duración
Es la que vale. Se coloca un detector pasivo —una pequeña cápsula que no necesita electricidad— en la estancia que más se usa, y se deja entre tres meses y un año. Después se envía al laboratorio, que devuelve la concentración media.
Hace falta ese tiempo porque la concentración varía muchísimo: cambia entre el día y la noche, entre verano e invierno, y según se ventile o no. Una medida corta puede dar un valor que no represente nada.
Dónde colocarlo
En un dormitorio o en el salón, en la planta más baja que se habite. A medio metro de las paredes, lejos de ventanas, puertas y fuentes de calor. Y no lo muevas durante la medición.
Qué hacer con el resultado
- Por debajo de 300 Bq/m³: estás dentro del nivel de referencia. No hace falta actuar.
- Entre 300 y 600: conviene actuar, empezando por lo sencillo: ventilación.
- Por encima de 600: hay que intervenir, y probablemente con medidas estructurales. Busca una empresa especializada.
Qué se puede hacer
Ventilar
Es lo primero, lo más barato y a veces suficiente en concentraciones moderadas. Ventilación cruzada diaria, sobre todo en las estancias de planta baja, y no sellar por completo las rejillas de ventilación aunque entre frío.
Si tienes un forjado sanitario o una cámara bajo el suelo, mantener sus rejillas de ventilación limpias y abiertas es una de las medidas más eficaces que existen.
Sellar las vías de entrada
Tapar grietas en la solera, sellar las juntas entre suelo y muros y los pasos de tuberías con materiales elásticos. Por sí solo rara vez basta, pero ayuda y es barato.
Despresurización del terreno
Es la solución de referencia para concentraciones altas. Consiste en instalar una arqueta de succión bajo la solera conectada a un conducto que sube hasta la cubierta, con un extractor. El sistema extrae el gas del terreno antes de que entre en la vivienda y lo expulsa por encima del tejado.
Es una obra que debe diseñar y ejecutar personal técnico. Bien hecha, es muy eficaz.
Barrera anti-radón
En obra nueva o en una rehabilitación que levante el suelo, se coloca una lámina específica bajo la solera. Es lo que exige el CTE en las zonas de mayor potencial, y es con diferencia lo más barato: hacerlo durante la obra cuesta una fracción de lo que cuesta corregirlo después.
Si compras o reformas
Si vas a comprar vivienda en un municipio de zona I o II, tiene sentido preguntar si se ha medido el radón y, si no, incluirlo en tu propia revisión. Cuesta poco comparado con el precio de una casa.
Y si vas a reformar levantando el suelo de una planta baja, aprovecha para instalar la barrera aunque no estés obligado. Esa es una oportunidad que no se repite.
En resumen
El radón es un riesgo real pero perfectamente manejable. No provoca síntomas, no se detecta por los sentidos y solo se conoce midiendo. Si vives en una zona de potencial alto, en planta baja o con sótano habitado, medir cuesta poco y te quita la duda.
Y si el resultado sale alto, hay solución: desde ventilar mejor hasta una despresurización del terreno, según el nivel. No es un problema sin arreglo, es un problema que hay que conocer.
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